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24/02/2015

Seis espadas que se cruzan entre sí. Un triángulo a lados iguales que no cierra. Una flor de lis, un símbolo y un nombre. No es la guerra y tampoco semiología. Es una marca, un buen recuerdo, es un Habano.

Hoy el mundo los conoce como los Habanos más universales, los más vendidos y más imitados. Distinguidos son también por su inconfundible capa carmelita claro, ligeramente aceitosa y con un sabor picante muy exclusivo.

Legendaria y mítica es su historia. Data del siglo XIX cuando la célebre novela de aventuras El Conde de Montecristo, del escritor Alejandro Dumas, se popularizó entre los tabaqueros de La Habana. Aprovechando el éxito de la obra y los benefi cios comerciales que suponía emplear su título para el ascenso de la industria tabacalera de la época, José Martí y José Valdés, negociantes del sector, decidieron lanzar dos nuevas marcas. El primero, registró la marca bajo el nombre El Conde de Montecristo en Calle del Medio No. 19, en la provincia Matanzas. Mientras el otro, lo hizo en la calle Obispo de La Habana Vieja, y la llamó Montecristo.

Ambos registros se conocen como los antecedentes más remotos de marcas de Habanos inspiradas en este clásico de la literatura universal. Sin embargo, no parecen haber guardado relación alguna con la surgida casi un siglo después en La Habana, también con el nombre Montecristo.

Ocurrió en el año 1935, con la creación de la marca H. Upmann. Montecristo por los asturianos Alonso Menéndez y José García, bajo la firma tabacalera que ambos integraron. La nueva producción incluía, además, cinco vitolas numeradas en orden consecutivo. Intencionadamente, los propietarios antepusieron a la marca el nombre de la prestigiosa fábrica donde se torcían los Montecristo.

Un año más tarde, propusieron a la firma inglesa de Stanley Phillips la introducción en Gran Bretaña de esa nueva marca de Habanos. Si bien la idea atrajo a Phillips, existía el inconveniente de que esa marca estaba en Inglaterra en manos de competidores: la firma alemana Frankau y Co. Para sellar el acuerdo, se decidió entonces eliminar el nombre de la fábrica y solamente denominarla Montecisto. Así pasó a conocerse desde entonces y en poco tiempo, pasó a ser extremadamente popular en todo el mundo.

De este modo, el propio Phillips indicó a su sobrino Jack Benjam, uno de los directores de la Casa Hunter, que diseñara una estrategia para introducir la nueva marca en Gran Bretaña y Estados Unidos, donde se distribuyó ávidamente. Incluso, durante la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. se convirtió en un mercado aún mayor en el momento en que existía un bloqueo a la exportación de Habanos, de Cuba hacia Gran Bretaña.

La llamada sociedad Menéndez, García y Cía. Ltda. se esforzó para asegurar la excelencia de la marca y para ello solamente se utilizaba tabaco de la más alta calidad. Cuentan que las hojas de ligero eran añejadas en unos gabinetes hechos especialmente de madera de cedro.

Durante los primeros años de la década de los años cincuenta, Montecristo ya era una marca Premium o de alta regalía, con cifras importantes de ventas en el por ciento de exportación de los Habanos hasta inicios de los años sesenta.

Con el establecimiento en 1969 de la nueva fábrica El Laguito que producía la marca Cohiba, se añadieron tres vitolas: la Especial No.1, Especial No. 2 y las Joyitas. Para 1971 se añadieron las vitolas Montecristo A y B. El Montecristo A rápidamente hizo historia como “el Habano más caro” registrado en el libro Guinness de los Récords Mundiales. Posteriormente se adicionaron otros modelos que enriquecieron el vitolario de la marca.

Actualmente la marca crece y sorprende a sus fumadores con nuevos formatos y líneas que se acercan cada vez más a los hábitos y exigencias de la vida contemporánea. Su anilla brilla ahora con el dorado más noble y no existe fumador de Habano que no elija, en más de una ocasión, volver a deleitarse con la milagrosa ligada de un Montecristo.

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