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24/02/2015

Evolución de las vistas de la marca Romeo y JulietaApenas comienza la jornada y la galera toda se emociona. Romeo cree muerta a su amada Julieta y los tabaqueros golpean el tablero con sus chavetas una y otra vez. Los amantes se ven envueltos en una lucha de familias, pero la producción del día va viento en popa. Cada torcedor ha elaborado hoy más de una docena de tabacos y los niveles de calidad de la fábrica auguran buenos resultados para cuando acabe 1850.

Los precios del tabaco se disparan escandalosamente y, más allá de la intuición, no hay otra forma de asegurar la máxima calidad de la hoja que se exige. Para don Inocencio Álvarez y José Manín es cuestión de excelencia. Un grupo de trabajadores encubiertos han sido enviados a estudiar los procesos en las mejores plantaciones del país, con el fin de garantizar una compra ideal y la calidad de sus futuros productos manufacturados.

No es de extrañar entonces que de la compra en las últimas subastas llegan las hojas mejor añejadas de hace al menos unos tres años. Pero esta vez son esencias diferentes que revelan al paladar sabores complejos. No se trata tan solo de un gusto a flores, madera, granos de café o vainilla, es la extraña mezcla de todos y el dejo exclusivo de ninguno en particular. 

Ha pasado poco tiempo y los fumadores más exigentes comienzan a distinguir el gusto equilibrado y aromático de una buena ligada. Al calor del drama inglés y las manos de los tabaqueros, Romeo y Julieta han reencarnado, pero esta vez siendo solo uno: un Habano. Inspirados en los amantes, los mejores torcedores de La Habana han bautizado un clásico de sabor medio como Romeo y Julieta, una nueva marca de tabacos.

La prensa ha dado a conocer la noticia por medio de la Gaceta Oficial de la ciudad. Sus propietarios registran el nuevo producto para el uso de su fábrica ubicada en la calle San Rafael número 87. 

La competencia entre las marcas se ha hecho cada vez más increíble por estos tiempos, pero Romeo y Julieta se coloca entre los primeros lugares de calidad y presentación del complejo mercado de puros. Manín García no se equivoca cuando asegura que “para conseguir un buen Habanoes necesario un buen tabaco”.

El pequeño negocio crece y con él, el éxito comercial de una gran variedad de nuevas marcas que salen a la venta. La Mar (en junio de 1876), Los Amantes de Verona, Monteschiу Capuletti (en junio de 1879), La Superfina, La Flor de Lozano, Daniel Webster, La Cubana (en 1882), La Salamith, Entre las Rosas, La Mía, La Sonámbula, María Estuardo (en 1883), El Eco, La Cita y Sheba. Cada una de ellas ha logrado abonar considerables beneficios económicos y de popularidad a la empresa, pero el prestigio de Romeo y Julieta se mantiene sin grandes esfuerzos en el gusto público.  

Tanto es así que ya suman varios los premios que ha recibido la marca en tiempo record, en exposiciones y almonedas de Amberes (1885), Bruselas (1897) y París (1889 y 1900).

La tragedia se volvió éxito

Muchos cambios se han sucedido en el negocio desde que don Inocencio y José Manín posesionaron la marca Romeo y Julieta. Este último ha decidido abandonar la fábrica y al señor Inocencio no le ha quedado más opción que venderla a Prudencio Rabell a inicios de 1900. No por mucho tiempo. Han transcurrido solo tres años y hay quienes ya comentan que, a su vez, Rabel ha vendido la adquirida marca-fábrica, pues no ha podido explotarla eficientemente.

Ahora, el patrimonio ha pasado a manos de la sociedad Rodríguez, Argüelles y Cia., fundada por José Rodríguez Fernández (Pepín) como presidente, Ramón Argüelles del Busto, vicepresidente, Antonio Roces y Baldomero Fernández. Desde entonces y con Pepín Rodríguez a la cabeza, una nueva etapa de máximo esplendor se ha iniciado para la recién creada en 1907, Fábrica de Tabacos Romeo y Julieta.

Pepín viaja el mundo promocionando sus Habanos. Ha llegado hasta Europa, Sudamérica y principalmente los EE.UU. donde vende la totalidad de la producción de sus fábricas. Lo que comenzó como una limitada industria se ha convertido, a la altura de 1916, en una poderosa empresa que ahora produce 18 millones de tabacos al año.

Un pequeño pero elegante pabellón ha ideado Pepín en el famoso Palazzo di Capuletto de Verona, donde los célebres amantes de la tragedia “shakespereana” protagonizaron su amor. De diversas regiones del mundo llegan los admiradores a apreciar los muestrarios de las vitolas y a quienes su propietario obsequia, como cortesía, un Habano Romeo y Julieta. 

Muchos califican a este gran comerciante de origen asturiano como uno de los mejores vendedores de tabaco Habano. En Cuba los llaman los independientes. Han sabido mantener el prestigio internacional de su industria tabacalera, cuando muchas marcas cubanas se rinden ante las presiones y el poder de los grandes trusts y monopolios norteamericanos.

Don Pepín, hay que reconocerlo, ha sido de los primeros en demostrar la importancia de la utilización de las anillas como principio del éxito en el mundo del tabaco, especialmente en Romeo y Julieta, donde ha llegado a emplear hasta 20 000 distintas de ellas.

La fama de sus Habanos no tiene fronteras y se convierten en la debilidad del político británico Winston Churchill, quien desde su visita a La Habana en 1946 se ha declarado admirador incondicional de sus sabores robustos y picantes. Tanto es así que su nombre puede verse en las anillas de muchos habanos y se ha creado una vitola en su honor: el Churchill de Romeo y Julieta, ciertamente una de las más conocidas. 

Como la primera vez

Nuevas creaciones se suman al registro de marcas de Romeo y Julieta, como lo son: La Leita, Flor de Rodríguez Argüelles, Don Pepín, Falman, His Majesty, Flor de Romeo y Julieta, Flor de Skariatine y María Guerrero; esta última en honor a la famosa actriz española a quien Pepín conoció durante sus viajes a Madrid. 

A finales de los años cincuenta la fábrica Romeo y Julieta se incorpora a la empresa estatal Cubatabaco. Desde entonces la producción se ha mantenido ininterrumpidamente y ha revitalizado su posicionamiento en la afición más exigente del mercado. Lo cierto es que Romeo y Julieta, como los enamorados de Shakespeare, presume de vanidad y arde de osadía, con toda la pasión de un Habano.

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