Maestro Ligador, histórico artífice


17/04/2012

Maestro LigadorAlimentar la galera con las dosificaciones adecuadas de hojas por tipo según cada marca, como un guardián de los criterios de calidad y las características de cada Habano de acuerdo con su sabor, aroma y fortaleza, es la principal tarea del Maestro Ligador, también histórico artífice de las recetas, proporciones y mezclas que distinguen a cada referencia del vitolario de la compañía o se generan para crear nuevos productos.

El tiempo y los hombres en sucesivos procesos de fermentación y selección, convierten las hojas de tabaco cosechadas por el veguero, en materia prima para la elaboración de los Habanos.

Listas las hojas y afinadas, las capas para la envoltura del Habano se embalan en tercios de yagua; y las que se destinarán a la tripa y capote, en pacas que llevan una etiqueta con toda la información acerca de su procedencia, la clase, el año de cosecha, la fecha de empaque, la clasificación por fortalezas –medio tiempo, ligero, seco y volado–, así como la Escogida y Despalillo donde fueron procesadas.

Todo esto es clave para cuando llegue el momento en que las hojas se acerquen al punto de salir de los almacenes con destino a la industria para convertirse en Habanos; entre otras cosas porque a partir de que el Maestro Ligador conoce la programación de la fábrica por marcas y tamaños, debe solicitar todas las hojas de tabaco necesarias para confeccionar las respectivas ligadas.

Esto corresponde hacerlo velando las dosificaciones exactas y con el cuidado de calcular el pedido para no desperdiciar la trabajosa y preciada materia prima.

Han pasado años de reposo y lo primero ahora es zafar el bulto de tabaco y verificar en qué estado se encuentran las hojas. Esto ocurre en la fábrica, en el departamento de mezclas o ligadas –conocido entre los tabaqueros como la barajita, porque la operación de montar la receta particular del Habano a producir, recuerda el acto de barajar las cartas. El Maestro Ligador abre la paca y extrae cuidadosamente unas muestras.

Hasta ahora, desde que el primer cacique taíno en Cuba mandó a hacer el primer tabaco, dice con jocosidad Arnaldo Vishot Rojo, el Maestro Ligador de Partagás, la manera más efectiva de saber que están buenas las hojas traídas del almacén es que el empalme extraído de la paca se separe y sea evidente que hayan perdido el brillo por la parte superior”.

Esta operación hay que repetirla con todas las pacas de todos los tipos de hojas de la tripa y las hojas del capote, día a día.

Según proporciones exactas y tipos de hojas por fortalezas y tiempos, el Maestro Ligador específica para cada Habano en producción la ligada de acuerdo con su receta particular que responde a la marca y la vitola que se va a producir en la galera, lo que se replica en el departamento de mezclas en proporciones exhaustivamente ajustadas. Esos lotes pasan a la galera para que los torcedores puedan realizar su trabajo.

«Antes en muchas fábricas de Cuba se trabajaba a ojo de buen cubero, por barriles, por cantidades de hojas de un tipo u otro en la ligada según se pedía por un cliente o se exigiera por el dueño de la marca dadas las características que la distinguían; pero lo que en realidad siempre fue mucho mejor fue hacer las mezclas por porcientos de peso, como era, por ejemplo en Larrañaga, donde trabajé. Actualmente, en todas las fábricas cubanas, ese es el método», dice Vishot elogiosamente.

La materia prima del Habano se produce completamente en Vuelta Abajo y aunque existe un vínculo entre las fábricas y las zonas de procedencia de las hojas, al Ligador corresponde muestrear el sabor del tabaco que se utiliza en el torcido diariamente, velando por la estabilidad olfato gustativa de la ligada, para lo que emplea como principal herramienta sus conocimientos de las recetas de cada marca y las vitolas.

Una decisiva implicación en el mantenimiento de la calidad de este producto tienen el Instituto de Investigaciones del Tabaco y Habanos, S.A., como parte del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Habanos, que en permanente contacto con las fábricas y sus respectivos departamentos de mezclas, son esenciales para garantizar que se respeten los criterios de calidad y características de sabor de cada Habano.

Según Raúl Valladares Díaz, también Maestro Ligador y quien ostenta el Premio Habano del año 2009, “el Maestro Ligador garantiza la continuidad de la producción en cuanto a sus tradiciones y el prestigio que alcanzó entre los fumadores una determinada marca; conservando para los consumidores sus principales características mediante el uso adecuado en su composición, de las materias primas que garantizan la fortaleza, el aroma y el sabor de cada vitola, durante todo el surtido de la producción de una marca determinada”.

Esa profunda cultura y conocimiento de las alquimias y fórmulas o combinaciones de las que emanan múltiples matices de aroma y sabor entre las distintas marcas de Habanos y sus vitolas, constituye una de las más admirables facetas de estos hombres, si se tiene en cuenta que en buena medida esa diversidad posible nace ya en los campos, que ofrecen un comportamiento muy variado de estos parámetros, entre una vega y otra.

Por eso es vital la formación, la transmisión de la experiencia acumulada, de la conciencia del significado y el papel de estos hombres en el prestigio del Habano, que representa lo mejor de lo mejor entre los productos de su categoría, justamente por la manualidad, la selectividad, la tradición y lo exigente de todos sus procesos.

Pero cuidar no solo para mantener, sino también para crear y renovar, con nuevos productos, lanzamientos y formatos acorde con las tendencias del consumo y las exigencias del fumador actual. En este sentido el papel del Ligador es también fundamental, aunque con otras particularidades.