Monguito, el torcedor de Churchill


20/02/2010

Llegamos a Ramón Collazo, Monguito, cuando ya tenía 82 años en 1998, mediante el periodista, intelectual cubano y simpático cronista Fernando G. Campoamor, gran amigo del novelista estadounidense Ernest Hemingway y autor del libro El ron: alegre hijo de la caña de azúcar. En uno de nuestros encuentros, me contó sobre alguien que había sido decisivo en la producción de los habanos que consumía Winston Churchill, especialmente enviados desde Cuba –el Julieta No. 2.

Todo comenzó por la idea de los antiguos directivos de la fábrica Romeo y Julieta de hacerle un regalo al Premier británico por su activo papel contra el fascismo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, consistente en mil de estos habanos.

En ese encargo (después replicado para José Stalin por decisión de los miembros del Partido Comunista en la fábrica) participaron más torcedores, pero sólo unos pocos y de inferiores rendimientos, lo que le mereció a Monguito desde la primera vez, el apelativo de «el torcedor de Churchill».

Por esas circunstancias, vale decir, en los años 40 del pasado siglo la conocida hasta entonces vitola Julieta No. 2, fue por muchos renombrada con el apellido de esta celebridad británica, prácticamente en las manos del sencillo obrero cubano, que trabajó para la marca Romeo y Julieta primero en unos talleres que tenía en Artemisa, hasta que en los años 40 se trasladó a su fábrica principal de La Habana.

Mirlo Rodríguez, José Soto, Gerardo Rodríguez y Amador Moreno también trabajaron para aquel regalo, pero Monguito lo hizo superando a todos con un rendimiento de 140 unidades por jornada, lo que le destacó como corazón y alma de aquel empeño.

Así puede decirse que en la historia de la Segunda Guerra Mundial y en la victoria sobre el fascismo, Monguito y el Habano tuvieron un pequeño espacio, aún más si se consideran, también, los mil tabacos enviados a José Stalin. Ramón Collazo trabajó como tabaquero 47 años, desde 1928 hasta 1975, y fue una de las claves en Cuba del suministro de Habanos a Winston Churchill, quien durante su larga vida (1874 – 1965) se convirtió en un gran promotor del producto cubano.