MONTECRISTO, El Mito Continúa


26/02/2013

Si una marca tiene nombre, es Montecristo. Este Habano nació de la lectura de la conocida novela. El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, a los torcedores de la fábrica H.Upmann, en La Habana, y desde entonces adquirió la misma categoría que el personaje: legendaria.

Considerada como referencia del sabor por la que se mide a todos los demás Habanos, Montecristo tiene especial protagonismo durante este Festival, con la presentación de dos nuevas vitolas y la introducción, con absoluto respeto de su historia, de una nueva anilla para potenciar sus valores e imagen. Ahora aparece una propuesta para disfrutar de todo su sabor en menos tiempo.

Después de muchos años en que la Línea Clásica no ha contado con un lanzamiento de gama, la presentación de Montecristo Petit No. 2 combina tradición y modernidad, pues corresponde a un figurado del cual el Montecristo No. 2 es una referencia.

Totalmente elaborada a mano y con tripa larga, el grosor es de la preferencia de los fumadores por su agarre y capacidad de tiro, que posibilita saborear cada chupada. En tanto, la longitud moderada permite aprovechar un momento entre el ajetreo diario para degustar este cigarro con placer.

La exquisita ligada de tabacos, confeccionada exclusivamente con hojas de tripa y capote seleccionadas procedentes de Vuelta Abajo, sigue siendo fiel a la original de la Línea Clásica, de sabor medio a fuerte, con un distinguido aroma que cautiva tanto a los fumadores experimentados como a quienes se inician en el mundo del Habano.

Por su parte, la línea Edmundo crece con la llegada del Double Edmundo, también con la nueva anilla de Montecristo y ahora con un mayor porte. Aquí cambian las cosas, pues este Habano propone el disfrute de los aromas y sabores de esa ligada clásica en un tiempo de fumada de alrededor de una hora.

Aunque algo menos grueso, tiene el calibre rotundo que tanto deleita al fumador apasionado, y su longitud augura un deleite lento, como de íntimo contacto entre el humo y el espíritu. Definitivamente, una oportunidad de probar todo el sabor de Montecristo… sin prisas.