San Juan y Martínez: un viaje a la tierra del mejor tabaco del mundo


25/02/2014

Visita a plantacionesLas vegas de color verde intenso a ambos lados de la carretera anunciaban que ya habían llegado a su destino. Tras recorrer más de cien kilómetros desde La Habana, los asistentes al XVI Festival del Habano estaban a punto de vivir una de las más emocionantes experiencias que se ha convertido en tradición: un recorrido por las zonas de cultivo del mejor tabaco del mundo, en Vuelta Abajo, Pinar del Río.

Allí, como en ningún otro lugar de Cuba ni del mundo, se combinan de forma muy particular las características del suelo, el clima, una arraigada cultura del manejo de las plantaciones y la tradición centenaria de los vegueros, poseedores de todos los secretos del campo y del tabaco.

Con cámaras en mano, sombreros para mitigar el calor, y sobre todo una curiosidad desbordante, los asistentes al XVI Festival del Habano fueron al encuentro de hombres y mujeres de piel curtida, humildes, referencias de habilidad y experiencia dentro de la región.

Inmersos en las labores de recolección y ensarte, los vegueros explicaron a los invitados que cada planta debe visitarse para disímiles labores unas 150 veces durante el período que dura su cultivo y cosecha. También que existen dos formas diferentes de cultivarlo: al sol o tapadas con una fina tela blanca para tamizar la luz, lo cual evita que las hojas se tornen fibrosas, ásperas y gruesas.

Los campos al aire libre abarcan las mayores superficies y proveen las diferentes hojas que componen la tripa de un Habano, así como el capote, usado para envolver ese conjunto preliminar (la ligada). De las vegas tapadas se extrae la capa, hojas muy delicadas, finas y de suave textura, utilizadas para dar la terminación elegante del Habano.

«Esto es como un bichito que se te mete dentro. No me concibo trabajando en otra cosa. Creo que ni yo ni mi familia podemos desprendernos de esta pasión», afirmó el veterano veguero Leandro Gómez Benítez, de 82 años, quien se ha dedicado varias décadas a la siembra, administración de escogida y recogida de hojas, y que hoy trabaja junto a su esposa y nieta.

Otra veterana, Gladys Esther Milián Díaz, con más de siete décadas de vida, hoy se desempeña en las labores de ensarte. Dice con orgullo que en su juventud logró nivel universitario, y que regresó a las vegas luego de la jubilación.

A la sombra de una casa de tabaco, con sus típicas hojas de color sepia y su olor característico, Gladys confiesa que pese a su edad en el día es capaz de hacer más de 60 cujes, cada uno de ellos con decenas de pares de hojas.

A su juicio, el secreto de la calidad del tabaco que allí se cultiva no radica solamente en las características del suelo y las condiciones del clima. «Está en el amor que le dedicamos al trabajo, en la responsabilidad que le ponemos, la atención y los cuidados. Como decía Martí: “Cuando el hombre sirve, la tierra sirve”». 

En el Valle de la PrehistoriaLos delegados del XVI Festival del Habano también tuvieron la posibilidad de ver de primera mano las tareas que realizan los trabajadores de las escogidas  y los despalillos de la localidad. Para cerrar con broche de oro la tarde, disfrutaron de un almuerzo criollo a los pies del emblemático Valle de la Prehistoria en Viñales.