Trinidad y Habanos: unión exquisita e irrepetible


21/02/2019

La mayoría de las personas en Cuba, en el Caribe, en América y en el mundo, cuando escuchan el nombre de Trinidad se remontan a una bella ciudad, situada en la parte sur de la actual provincia cubana de Sancti Spíritus, con una de las arquitecturas más hermosas y mejor conservadas de América, por lo que se le reconoce como la ciudad museo del Caribe.

La Trinidad o la Santísima Trinidad fue la tercera villa fundada en Cuba por el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar a principios de 1514, la que se asentó inicialmente en las cercanías de la bahía de Jagua y fue trasladada a mediados de 1515 a su sitio actual. En el plano económico su evolución ha transitado por diferentes etapas, de esplendor unas y de decadencias otras. No obstante, de estas últimas ha salido finalmente fortalecida y con la labor de conservación y restauración emprendida por los especialistas y el amor que profesan a su ciudad sus habitantes, se logró que su centro histórico y el Valle de los Ingenios fueran declarados por la UNESCO, en 1988, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Su nombre fue escogido para bautizar a una marca de Habanos en el año 1969, que durante mucho tiempo fue únicamente utilizada como regalo de Estado para altos dignatarios extranjeros, por lo que no es hasta febrero de 1998 que fue lanzada para el consumo público en una ceremonia de inauguración en el Hotel Habana Libre. La versión inicial salió en un único formato, con la vitola Fundadores.

Evidentemente sus patrocinadores, al escoger el nombre, debieron haber tenido en cuenta no solo hacer un homenaje a la Villa, sino las coincidencias de las características de los puros que comercializan con este territorio paradisiaco. Los Habanos Fundadores tuvieron la misión, al igual que la añeja villa, de abrir el camino, de sentar las bases para su futuro.

En 2003 se amplió su vitolario con el lanzamiento de Reyes, Coloniales y Robusto Extra y en 2009 se introdujo el Trinidad Robustos T para completar la gama de la marca. Como se puede apreciar, cada nombre de las vitolas tiene una marcada relación con una ciudad que recuerda el entorno colonial de Cuba y que fue objeto de preocupación y órdenes reales.

En 2014 se presentó la nueva vitola de salida Vigía, vitola de galera Torres. Las denominaciones  hacen referencia a zonas  aledañas a la villa, como el Valle de los Ingenios, en el que abundaban las torres de vigía levantadas para avistar las plantaciones de caña de azúcar, pero también se pueden relacionar con la ciudad de Trinidad, en la cual proliferan las torres en sus edificaciones y existe la emblemática Loma de La Vigía, desde donde se toman preciosas vistas del paisaje local, así como con la famosa Torre de Manaca Iznaga, sitio de obligada visita para quien arribe a este territorio.

Igualmente se puede establecer un paralelo en la joven historia de los Habanos Trinidad y la interesante historia de la Villa que es a la vez contradictoria y polémica, pues si los hallazgos arqueológicos han demostrado que una característica distintiva de la etapa precolombina es la mezcla de culturas primitivas, al revelar la existencia de asentamientos de aborígenes con desiguales niveles de desarrollo y de procedencia diversa, no existe el mismo consenso en cuanto a la fecha de fundación y hasta sobre el nombre dado por el Adelantado. Mientras, el historiador Carlos Joaquín Zerquera y Fernández de Lara defendió con pasión que se le denominó solo La Trinidad, el actual, Manuel Lagunilla Martínez afirma tener pruebas de que fue la Santísima Trinidad y que el adjetivo no debe ser retirado de su denominación.

Su desarrollo económico se basó inicialmente en la extracción de oro, que en una etapa fue tan importante que llevó a los conquistadores a proponerle al Rey de España crear en la comarca una fundición. También fue notable el desarrollo de la ganadería y del cultivo del tabaco que según estudiosos se localizaba cerca de los ríos Agabama, Manatí y sus afluentes, Caracusey y Ay, aunque otros lo sitúan al este de la Villa, en zonas libres de ganados y con buenos accesos a la costa.

Ya en el siglo XVII Trinidad ocupaba uno de los primeros lugares entre las poblaciones cubanas y servía como una especie de capital de las villas centrales, las cuales gozaron de autonomía hasta que el Rey ordenó que quedaran bajo jurisdicción habanera. Lo cierto es que su posición geográfica permitió que se desarrollara el comercio, tanto el oficial con la metrópoli como el de rescate o contrabando. Contrario a lo que muchos piensan, en este siglo el cultivo y comercialización del tabaco fue una importante fuente de ganancias para la población local. Los trinitarios exportaban este y otros productos hacia distintos lugares del Caribe insular y continental, a Holanda, a Inglaterra y a Francia. 

A finales del siglo XVIII y principios del XIX floreció la producción azucarera, el Valle de los Ingenios se convierte en una zona altamente productiva y las familias más ricas y conocidas de la región eran las dedicadas a esta actividad, por lo que para muchos este renglón productivo es el que identifica al territorio, no obstante, el cultivo y comercialización de la aromática hoja no es algo ajeno a esta comarca y como afirmara el sabio Fernando Ortiz, en estas tierras también se manifestó el contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar.

Múltiples son los atractivos de Trinidad. Sus pobladores, muy hospitalarios, aman su ciudad y conservan sus tradiciones. El visitante puede apreciar una arquitectura de ensueño, conformada por conventos, palacios y grandes casonas, en los que se pueden apreciar techos de tejas, balcones, aleros, rejas, portones, patios interiores, vitrales, cenefas y otros encantos típicos de una época que, aunque lejana en el tiempo, parece casi intacta a la mirada del observador.

Sus encantos culturales son variados y en todos se aprecia una perfecta mezcla de culturas que proporcionó un resultado que los trinitarios muestran hoy como propio e irrepetible en otro lugar del planeta. También es así la mezcla de las hojas que se emplean como capa y tripa para confeccionar los puros Trinidad, procedentes de la zona de Pinar del Río donde se cultiva el mejor tabaco del mundo y que proporciona, al más exigente fumador, un producto propio e irrepetible.

Trinidad sobresale como destino turístico, además, por las bellezas naturales de su entorno y de las zonas aledañas, como el Valle de los Ingenios, la Península de Ancón, donde se encuentra una de las mejores playas del sur de Cuba, y el Gran Parque Natural Topes de Collantes, con el maravilloso Salto del Caburní.

Los catadores de puros han dejado escritos en distintos sitios de internet con sus vivencias al fumar los Habanos Trinidad. Algunos hacen referencia al sabor a miel, que se relaciona con un trago típico de Trinidad, llamado canchánchara, y que se confecciona con aguardiente miel, limón, hielo y agua. Este trago es un símbolo de la añeja villa y proporciona un sabor medio como el del Habano de referencia. Se sirve en una vasija de barro en una pintoresca casa preparada especialmente para ello.

Otro punto de relación de un tabaco hecho totalmente a mano con la ciudad es su carácter artesanal, ya que las empedradas calles del centro histórico trinitario son un palacio de manualidades en el que el visitante hallará una amplia gama de productos confeccionados con múltiples materiales, donde se destacan el tejido y la cerámica.

La ciudad cuenta con una impresionante Casa del Habano, cuya variada oferta de vitolas, entre las que se encuentran las de la marca Trinidad, la convierten en uno de los principales centros de interés para el visitante.

Finalmente, si de establecer relaciones entre la ciudad y la marca de Habanos se trata, se puede afirmar que, aunque el término “santísima” haya estado o no asociado al nombre original de la villa, ambas son santas veneradas, la primera por los pobladores que cuidan una ciudad exquisita, única e irrepetible y la segunda por los más exigentes fumadores que saben disfrutar un tabaco que también es exquisito, único e irrepetible.