Villa colonial única prestigia la marca Trinidad


21/12/2010

Villa colonial única prestigia la marca Trinidad

Una ciudad colonial tocada por la magia de la eternidad, deslumbrante por su impecable distinción a casi cinco siglos de fundada, envuelve con su fantástica leyenda a la marca de habanos Trinidad.
Situada en el centro-sur de Cuba, en la provincia de Sancti Spiritus, con la siempre verde Sierra del Escambray a sus espaldas y de cara al Mar Caribe, situado a sus pies, Trinidad semeja un pintoresco escenario diseñado en todos sus detalles para filmar la época de oro del dominio colonial español.


Uno queda encantado cuando la carretera desemboca, de pronto, ante esa colorida imagen de calles empedradas, majestuosas residencias adornadas por puertas y ventanas de maderas preciosas, protegidas por el caprichoso entramado de rejas de hierro, que bordean una plazoleta, con árboles de sombra y jardines florales, pulcramente conservados.

Asombra enterarse que la Villa de la Santísima Trinidad fue la tercera fundada por el adelantado de la Corona española Diego Velázquez de Cuéllar, en 1514,  en compañía del legendario Fray Bartolomé de las Casas, quien oficiaría la primera misa en el sitio donde hoy se levanta el parque José Martí, erigido en honor del Apóstol de la Independencia.
Una dedicada y paciente labor de conservación y restauración emprendida a partir de 1959 por especialistas, secundados por el entusiasmo y el amor a su ciudad de los residentes, ha permitido que Trinidad sea considerada una de las ciudades coloniales mejor preservadas de América, un museo vivo, que vibra con la energía creativa de su gente y acoge a los visitantes con inigualable hospitalidad.


Junto con el cercano Valle de los Ingenios, Trinidad fue inscrita en 1988  por la UNESCO en su Lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad, un merecido certificado de sus innegables valores, conservados por ese mismo espíritu de distinción que adorna la marca de habanos Trinidad.


Esa misma fusión de lo hispánico y lo africano que asalta los sentidos con las más placenteras emociones en esta culta villa colonial, viste con su rica leyenda a esos puros habanos que desde 1969–en limitada producción- solo se destinaban como obsequios de Estado a dignatarios extranjeros y personalidades del más alto nivel.
Solo a partir de 1998 la marca Trinidad es puesta a disposición de los fumadores de todo el planeta, teniendo como respaldo de identidad la riqueza histórica, artística y cultural de la villa colonial de Trinidad.

Ciudad que invita a un recorrido a pie, deteniéndose en todos sus rincones, que evocan fiestas tradicionales, celebraciones religiosas, momentos inolvidables, como los que acompañan la degustación de uno de esos habanos que llevan su nombre.

La renombrada villa espirituana exhibe en su Plaza Mayor una estatua de Terpsícore -musa de la danza y la música-, acompañada de la singular belleza de la iglesia de la Santísima Trinidad, guardiana de valiosas piezas del tesoro religioso de la isla, como el Cristo de la Vera Cruz, unido a un altar de mármol dedicado a la Virgen de la Misericordia, único de su género en el país.

A una docena de kilómetros de la villa se extienden las suaves arenas de Playa Ancón, dueña de cálidas y tranquilas aguas tributadas por el Mar Caribe, un complemento ideal para quienes combinan el disfrute de la historia y los encantos de la naturaleza.

Sin dudas, la marca elegida por aquellos que quieren diferenciarse del resto corresponde con la elegancia de su capa y su aroma, único e inigualable, a la ciudad inspiradora de su nombre, a la que rinde culto en todo el mundo.